
Para un creyente en Cristo, la muerte no es más que un paso hacia la gloria venidera, es ganancia (Fil. 1:21), no existe la desolación, ni la congoja. Sino siempre un agradecimiento a Dios por permitir llegar al fin de la carrera (2 Ti. 4:7). En este año celebramos 500 años del nacimiento de
A un mes de su muerte el 27 de Mayo de 1564, Calvino escribe su testamento (24 de abril de 1564), en el cual leemos las siguientes palabras que dan testimonio de su vida y su doctrina, y que deberían animarnos a seguir fieles al Señor hasta la vejez:
En nombre de Dios, Yo, Juan Calvino, servidor de la Palabra de Dios en la Iglesia de Ginebra, debilitado por muchas enfermedades…, doy gracias a Dios; porque no solamente se ha compadecido de mí, su pobre criatura… y me ha soportado con todos mis pecados y debilidades, sino también porque Él, muy por encima de todo ello, me ha otorgado la gracia de poder servirle mediante mi trabajo… Declaro con la fe que Él me ha concedido que deseo vivir y morir en dicha fe, en tanto no tengo otra esperanza ni otro refugio que la elección de su Gracia, sobre la cual está fundada toda mi salvación, y que no dependo de nada más para la salvación que la libre elección que Él ha hecho de mí. De todo corazón abrazo Su misericordia, por medio de la cual todos mis pecados quedan cubiertos, por causa de Cristo, y por causa de Su muerte y padecimientos.
Me atengo enteramente a la gracia que Él me ha dispuesto en nuestro Señor Jesucristo y acepto los méritos de los padecimientos y muerte de Cristo, por los cuales todos mis pecados son sepultados. Y ruego a Dios humildemente me lave y purifique con la sangre de nuestro sublime Redentor, derramada por todos los pobres pecadores, a fin de que cuando esté en su presencia pueda ostentar su imagen.
Declaro a continuación que conforme a la medida de su gracia que Él me ha concedido, me he esforzado en enseñar su Palabra puramente y en interpretar las Sagradas Escrituras con toda fidelidad. Según la medida de la gracia que me ha sido dada, he enseñado esta Palabra pura y sencilla, mediante sermones, acciones y exposiciones de esta Escritura.
En todas las luchas que contra los enemigos de la verdad he llevado a cabo no me he valido de astucias ni sofisticaciones, sino que he luchado la buena batalla de manera frontal y directa. Sin embargo, mí voluntad y mi celo han sido tan fríos y negligentes que reconozco mi culpabilidad. Sin la infinita bondad de Dios vanas hubieran sido todas mis ardientes aspiraciones e incluso la misma gracia que Él me otorgó contribuiría a hacerme aún más culpable.
Mi única esperanza, pues, queda puesta en Él es el Padre de la misericordia, el cual querrá concedérsela al pobre y miserable como lo soy yo.
Por lo demás, quisiera que después de mi partida sea mi glorioso cuerpo sepultado como es costumbre y esperando el día glorioso de la resurrección.” [1]
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[1] John Wherly. Martín Lutero y Juan Calvino: Su obra en la Iglesia Evangélica de hoy.
Publicada originalmente en sujetosalaroca.org

Celebración de los 500 años de Juan Calvino en Puerto Rico
Filed under: Juan Calvino 500, Iglesia Presbiteriana Reformada, CristoRocaFirme on May 21st, 2009 | No Comments »