
“Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquellos olor de vida para vida” 2 Corintios 2:15-16
Mi Padre, Mi Rey, Mi Señor:
Desde el Edén olemos a sepulcro y a alma descompuesta por la muerte del pecado. Desde la caída nuestro espíritu muerto y pecador huele a hiel en putrefacción. Todo lo que aprendimos del Edén fue pecar, hacer el mal. Fueron sus ojos abiertos pero abiertos a la muerte y la desnudez, al desamparo y a la esclavitud de cadenas duras, pesadas y viejas. Creímos la mentira de la serpiente antigua y creímos que no íbamos a morir. Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.
Y El os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aún cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados), y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. Efesios 2.1-10
Sin embargo, doy Gloria a Ti por la obra de tu Hijo Jesucristo. Por que nuestro olor cambió para Ti. Ya no somos olor de juicio y pecado para Ti, ahora somos olor grato de Cristo. No solo para Ti sino para los demás. Para los que se pierden porque no creen en Cristo, olemos para ellos a muerte, no a nuestra muerte sino a la suya. Pero para los que se salvan somos olor grato, fragancia pura y dulce del Jardín del Edén de Vida Eterna.
Con su muerte redentora en la cruz, Cristo se convirtió él mismo en árbol de Vida. Cristo, figurativamente como ese Antiguo y Eterno Árbol de Vida Eterna en el Edén, ofreció su vida en la Cruz del Calvario para darnos esa Vida Eternal en su Sangre, el árbol que Dios detuvo a Adán y Eva para comer. Ahora solo mediante la Fe en Tu Hijo somos libres otra vez para disfrutar de esa Vida Eterna, para gozarnos y deleitarnos en la presencia tuya por muy largos días.
Somos olor grato de Cristo. Olor que no hiede, olor que trae las Buenas Nuevas de Salvación en Cristo Jesús a los que se salvan. Olor a Sangre Pura y Sin Mancha, olor a Nueva Vida en Cristo. Olor de flores vestidas con los atavíos del Reino de los Cielos, olor a Vida, a Vida Plena. Olemos a la Ciudad Celestial, a sus calles, a sus mares. Olemos a eternidad. Olemos a Cristo.
Padre que cada día de mi vida, mi debilidad y mi desánimo no sean obstáculo para que tu olor fluya en mi alma y en mi ser. Que pueda ser ese advenedizo, extranjero que no busca nada en esta tierra porque tiene una Patria Celestial verdadera y llena de olor grato.
Pido que enfoques mi vida en Tu Palabra, Espada de Doble Filo, Guardiana del Edén que penetra en mi Alma hasta el tuétano y que como bisturí celestial vaya quitando lo que no te agrada que hay en mí, el pecado que todavía mora en mí.
Solo A Ti Sea La Gloria, Oh Santo, Santo, Santo,
Perdona mis flaquezas y mi pecado, Límpiame como a hisopo, Lávame más y más de mi maldad para que siga siendo Olor grato de Cristo Jesús.
En el nombre Grato y Dulce de nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
Amén, Amén y Amén







